¿Y qué dirá el augur
ahora cuando me he perdido irremediablemente
entre miles de sinfonías,
tan disímiles y tan frágiles como el susurrar del viento?
¿Qué podrá esperarse ahora de mí,
cuando ya me he consumido completamente,
ahogándome entre mares de plomo y tristeza,
En mares inmensos
en los que se encuentran miles de cuerpos míos,
todos devastados e inertes
como rocas a la intemperie?
Ahora las engañifas suculentas
con las que alimentaba al mundo
se alimentan de mí,
ahora soy su esclavo y su presa;
su servidor y su víctima…
Ya no soy capaz de regresar
al inicio del galimatías
que con tanta fruición
creaba
y redimía.
La confusión controlada de la que hice alarde
es ahora apenas una sinfonía
rota y dispersa
en la atmósfera,
en el desorden del que hago parte
y que también me constituye.
La faltriquera secreta
en la que reservaba mi rostro real
se ha roto,
y su contenido se dispersa ahora por el suelo,
rueda y se mezcla con la irrealidad
que no alcancé a guardar
cuando noté que mi bolsillo se desgarraba…
Poema de Miguel Ángel Adarme Acevedo publicado en la revista Capital Letter. No. 14 de la Universidad Nacional de Colombia. página 21.
Encuentra la revista completa en Issuu aquí
Entre el rito acostumbrado
de ajustar el disfraz,
voy triturando mi cobardía,
que se ensordece con el eco perdido
del grito interior
que me reclama un día
sin antifaz… sin máscara,
un día sin camuflaje
ni engaños para el mundo.
¡Pero si esta máscara
es mi vino cotidiano,
mi mentira más fabulosa
que cuanto más fabulosa,
más mentira!
¡Pero si esta máscara
es mi sueño más lúcido
mi trampa más elaborada!
¡Pero si esta máscara
es el alborozo dulce del control,
el placer de la farsa,
la forma sublime de apariencia!
Ajusto el disfraz
Y oriento la máscara.
Se rompe un espejo.
Se quiebra mi rostro
y sonrío con la sangre a borbotones
Poema de Miguel Ángel Adarme Acevedo publicado en la revista Capital Letter. No. 14 de la Universidad Nacional de Colombia. página 21.
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de ajustar el disfraz,
voy triturando mi cobardía,
que se ensordece con el eco perdido
del grito interior
que me reclama un día
sin antifaz… sin máscara,
un día sin camuflaje
ni engaños para el mundo.
¡Pero si esta máscara
es mi vino cotidiano,
mi mentira más fabulosa
que cuanto más fabulosa,
más mentira!
¡Pero si esta máscara
es mi sueño más lúcido
mi trampa más elaborada!
¡Pero si esta máscara
es el alborozo dulce del control,
el placer de la farsa,
la forma sublime de apariencia!
Ajusto el disfraz
Y oriento la máscara.
Se rompe un espejo.
Se quiebra mi rostro
y sonrío con la sangre a borbotones
Poema de Miguel Ángel Adarme Acevedo publicado en la revista Capital Letter. No. 14 de la Universidad Nacional de Colombia. página 21.
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Necesito ahora al menos un milagro que me visite inesperado, de la nada; y que sin aviso se cuele en la cotidianidad de mis días, se inserte profundo y atronador y revolucione esas horas de existencia desesperante, que se ahogan en el vacío retumbante de la decepción.
Un pobre milagro que me ayude a esperar menos y a comprender más. Un mísero milagro que trastorne el curso de los acontecimientos y me regale un asomo de sorpresa y de sincera y plena felicidad o satisfacción. ¿Y por qué? Porque quiero dar más, quiero impresionar al futuro expectante que se asoma tímido espiándome cada día, como burlándose de mí.
Y luego, en la virtualidad de los mundos posibles, quiero hacerle trampa al destino y a toda forma de predestinación, y escaparme de este a uno de esos que se ven geniales desde fuera. Esos que nos inventamos cada noche en medio del despecho de la realidad estridente y aburrida que nos sofoca sin remedio.
Un pobre milagro que me ayude a esperar menos y a comprender más. Un mísero milagro que trastorne el curso de los acontecimientos y me regale un asomo de sorpresa y de sincera y plena felicidad o satisfacción. ¿Y por qué? Porque quiero dar más, quiero impresionar al futuro expectante que se asoma tímido espiándome cada día, como burlándose de mí.
Y luego, en la virtualidad de los mundos posibles, quiero hacerle trampa al destino y a toda forma de predestinación, y escaparme de este a uno de esos que se ven geniales desde fuera. Esos que nos inventamos cada noche en medio del despecho de la realidad estridente y aburrida que nos sofoca sin remedio.
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