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Insensibilidad

La hombría no siente
No vive
No experimenta actos dolorosos
No sufre con los espantos nocturnos
Solo grita y maldice
Como un animal que ruge

La hombría no sabe que es el miedo
Pues es fiera y salvaje
Es un torrente airado
Dominante e insensible

Su comportamiento es borrascoso
Su corazón está ahogado
Su alma debe ser áspera
Su palabra es seca y devastadora

Lobo

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Palidez

El silencio del mundo
Congela mi pecho
Dándome aquel pulso que libera
Haciendo cemento de mis emociones

En el helado infinito,
persiste mi alma sombría
Y por entre los resquicios
saboreo la frialdad
arquetípica de mi género

Perdiendo el color
Sobrevivo
Aunque sin la humana lozanía
De la sensibilidad reservada para la feminidad

Despojado de la emocionalidad
No alcanzo jamás la sosegada cordura
solo,
como abandonado,
con el mísero gemido y el lamento
la razón y la locura
en dura contienda…
aún perduran

Mi masculinidad duerme sobre yertos cadáveres
El tormento y la desventura
de mi sobriedad
absorben y hurtan mis lágrimas
que ya ni me atrevo a regar en privado

Mi hombría
es lividez

Me resta hacer que no sea dolorosa
Y luego adormecerme en extremos
Aquellos que casi se convierten
en una especie de violencia…

El silencio
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Ángeles de la muerte

Empecinados en una imperecedera lucha
por nuestra salvación
Y nacidos para establecer vías infinitas
hacia la felicidad inalcanzable

Los hombres somos
por naturaleza
ángeles de la muerte

A través del espacio y del tiempo
explotamos insistentemente nuestras almas
con el fin único y desolador
de encontrar el elixir de la felicidad de nuestra especie.

Somos nuestras propias vías de desperdicio
consumiéndonos los segundos de los demás…
como buitres

En nuestros cerebros carcomidos por la razón
levantamos un límite de tiempo y espacio
en donde somos guerreros,
siempre encaminados a la destrucción

En la noche nos esconderemos
en los resquicios más oscuros
de nuestra mente

Al amanecer acometeremos otra vez la lucha
cara a cara con miles de espejismos
entre caminos maliciosos
llenos de sangre y violencia

Los verdaderos ángeles de la muerte
deleitándose con nuestra autodestrucción,
nos felicitarán por nuestra independencia
de la vida y de la muerte
de sus ángeles y sus aves

Nosotros mismos hemos hecho su trabajo
Destrozándonos la carne
Y condenándonos al verdadero infierno de la putrefacción

Hombre arrastrando el tiempo

Poema de Miguel Ángel Adarme Acevedo publicado en la revista Capital Letter. No. 16 de la Universidad Nacional de Colombia. página 30.

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