Condeno una parte de mí
al ostracismo, y con ella,
una parte también de mi memoria.
De este lado sólo tengo algunas cenizas
cuidadosamente guardadas
en un jarrón de cerámica fina.
No quiero recordar mi pasado,
no quiero apariencias de candor débiles.
No quiero responder al llamado impertinente
y celoso de mi memoria,
que se busca a sí misma
en una esperanza ciega y rota,
hechizada por la necesidad de auto-significarse
y convertirse en un futuro brillante
para así redimirse.
Tengo una cerámica para el arrepentimiento,
recubierta de oro,
pero que se desangra profusamente
desde una fuente desconocida e infinita.
Es el desamparo de quedarme sin memoria,
de perder mi esencia y mi aprendizaje.
Pero ya no quiero lecciones antiguas.
No quiero leer en las arrugas de la cerámica
valiosas enseñanzas,
que de todos modos están hechas de trapos rotos
y tristeza.
Quiero dejar de nombrar mis lecciones,
pisarlas fuerte y desecharlas;
las lloraré y las extrañaré
como en una etapa de duelo,
para luego celebrar con regocijo
y un dejo de despersonalización.
No quiero recelos y arrepentimiento,
quiero quemar esa cerámica,
junto con el remordimiento
y el dolor del pasado.
Preparo el fuego
y las llamas inundan el rito.
Justo en el instante fatal,
se me quiebran los brazos y la cerámica rueda
lejos del pequeño infierno que le he preparado.
Mis sueños se pelean entre la irrealidad
y la magia de mi cerebro
afianzando conexiones neuronales;
procedimiento que a veces me resulta muy macabro
dado que mis células son aficionadas a las pesadillas.
Lejos de mi hora para dormir
me entrego presuroso a desvelos y entelequias.
y la magia de mi cerebro
afianzando conexiones neuronales;
procedimiento que a veces me resulta muy macabro
dado que mis células son aficionadas a las pesadillas.
Lejos de mi hora para dormir
me entrego presuroso a desvelos y entelequias.
Aún mis párpados no han sido quemados.
Aún la amargura no toca a mi puerta.
Soy el amo de mi destino.
Esclavo de mi fuerza y mi genialidad.
Aún mi furia vocifera hambrienta de resplandores;
de instantes colmados de aquellas imágenes
donde mantengo mi puño en alto,
celebrando mis logros,
grandes o humildes.
Aún respiro energía
y mis músculos pueden encaminarse
raudos y frenéticos hacia el triunfo y la victoria.
Aún son ambiciosas mis motivaciones
y sólo desean lo mejor,
lo codician de tal manera
que su cólera sigue en crescendo.
Aún no me repliego completamente.
Tengo la oportunidad en mis manos,
ahora más viejas y experimentadas,
y agarran mejor lo que necesitan.
Aún no he mendigado incentivos extrínsecos.
Aún no conozco la verdadera angustia de la incertidumbre.
Permanezco y prevalezco.
Todavía puedo conocer un después al evitar invocar a la muerte.
Todavía soy capaz de transformar el destino
que fabrico a cada momento.
Aún no cae la lluvia equivocada.
Aún mantengo y multiplico mi fortaleza.
Todavía me queda la rigidez de mi compromiso con el futuro.
Aún mis noches no conocen la miseria.
Aún debo seducir al mundo.
Deben conocer la esencia cautivante de mi ser.
Deben conocer mi encanto y mi complejidad agridulce.
Existe todavía una colección acertada de elecciones
en mi mundo sutil y atlético.
Sigo amando el riesgo y la aventura,
y emprenderé una lucha fogosa y decidida
hacia la coronación de mis deseos.
Conservo la intensidad y la fiereza debida
luego de caer y fallar.
Puedo intentarlo un millón de veces más sin desfallecer.
He nacido para ser el mejor en lo que me proponga.
He sido dotado con las mejores herramientas
para elaborar un interesante camino.
Mis mañanas están lejos de decolorarse.
No he olvidado el sonido del éxito.
Mantengo todavía su retozar en mi cerebro.
Anhelando encontrarme de nuevo con él.
No tan sólo intentándolo,
sino haciendo todo lo posible por volver a oírle.
Aún no es demasiado tarde.
Aún la amargura no toca a mi puerta.
Soy el amo de mi destino.
Esclavo de mi fuerza y mi genialidad.
Aún mi furia vocifera hambrienta de resplandores;
de instantes colmados de aquellas imágenes
donde mantengo mi puño en alto,
celebrando mis logros,
grandes o humildes.
Aún respiro energía
y mis músculos pueden encaminarse
raudos y frenéticos hacia el triunfo y la victoria.
Aún son ambiciosas mis motivaciones
y sólo desean lo mejor,
lo codician de tal manera
que su cólera sigue en crescendo.
Aún no me repliego completamente.
Tengo la oportunidad en mis manos,
ahora más viejas y experimentadas,
y agarran mejor lo que necesitan.
Aún no he mendigado incentivos extrínsecos.
Aún no conozco la verdadera angustia de la incertidumbre.
Permanezco y prevalezco.
Todavía puedo conocer un después al evitar invocar a la muerte.
Todavía soy capaz de transformar el destino
que fabrico a cada momento.
Aún no cae la lluvia equivocada.
Aún mantengo y multiplico mi fortaleza.
Todavía me queda la rigidez de mi compromiso con el futuro.
Aún mis noches no conocen la miseria.
Aún debo seducir al mundo.
Deben conocer la esencia cautivante de mi ser.
Deben conocer mi encanto y mi complejidad agridulce.
Existe todavía una colección acertada de elecciones
en mi mundo sutil y atlético.
Sigo amando el riesgo y la aventura,
y emprenderé una lucha fogosa y decidida
hacia la coronación de mis deseos.
Conservo la intensidad y la fiereza debida
luego de caer y fallar.
Puedo intentarlo un millón de veces más sin desfallecer.
He nacido para ser el mejor en lo que me proponga.
He sido dotado con las mejores herramientas
para elaborar un interesante camino.
Mis mañanas están lejos de decolorarse.
No he olvidado el sonido del éxito.
Mantengo todavía su retozar en mi cerebro.
Anhelando encontrarme de nuevo con él.
No tan sólo intentándolo,
sino haciendo todo lo posible por volver a oírle.
Aún no es demasiado tarde.
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