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Ataque [Versión Original]

Arte y Poesía
"Crazy, Crazy, Crazy Minerva?" - Salvador Dalí

Estaba tremendamente triste y solo, de nuevo, aunque siempre he estado sólo. No podría cerrar los ojos y entregarme a Morfeo con la placidez con que lo he hecho tantas miles de veces, no esta vez. Estaba como inconsciente, como si hubiera bebido mucho, aunque sorpresivamente me sentía como muerto y equivocado, y a un tiempo, sobre-excitado, rojo y caliente, sumamente caliente.

La noche había sembrado sus semillas de desesperación con premura y sorprendente diligencia. Yo debía estar profundamente dormido para ese entonces, pero no en esta noche, inspiradora macabra de los silentes fantasmas que salen de las fosas nasales y de los oídos y los labios de mi cuerpo, embotado y perdido en las confusiones nocturnas que asechaban fieramente mi cabeza.

¿Y dónde está tu afecto?

Ni por suerte tenía oportunidad de escapar a los tormentos que se avecinaban raudos y poderosos sobre mis sentidos adormecidos. Ni por suerte encontraría tu cariño. Sólo he de esperar esa especie extraña y convulsionada de eclecticismo agobiado y furioso que cada cierto tiempo se desquita contra su portador, el mismo que le encarcela y le obliga a reprimirse.

No siempre puedo encadenarle. No puedo siempre ignorarle como quien ignora los dolores predictores de una enfermedad demasiado futura. Y se vuelve inusual, y cada vez que me encuentro con él, me parece como algo que jamás hubiera visto; y es que cambia demasiado rápido en la oscuridad y el confinamiento obligado al que le someto.

Cada vez que me ataca, lo siento cálido de una manera distinta, embelesado y sufriendo, enredado en una experiencia nueva, terrible y escandalosa para mi mente. Su novedad infalible es una garantía de impredecibilidad desbordante.

Se terminan las últimas partículas de tu afecto extendido, y se avecina mortalmente un aire encerrado y gris que bordea la habitación subrepticiamente. Pero yo ya lo siento. Como si una puñalada me arrebatara la vida al ritmo en que se desborda la sangre fuera de mi cuerpo, él me envuelve violentamente en una inmovilidad agotadora, justo después de que la última partícula de ti se ha desvanecido.

No me puedo sentar en una esquina, no puedo llorar ni lamentarme, ni siquiera suspirar, no tengo tiempo ni movilidad para eso. Estoy paralizado e hiper-consciente, no tengo nada de ti, y todo de él. Me ahogaré el tiempo justo para no terminar con mi vida, él se mofará de mi debilidad y de su autoridad sobre mí, me escupirá a los ojos y dará su último golpe con los bríos propios de un héroe épico. Me dejará asustado, luego te buscaré, y escucharé como se ríe detrás de mi cabeza, detrás de mi cerebro. Detrás de todo lo que es mío y todo lo que es tuyo.
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Ataque [Prosa]

The Eye of Surrealist Time - Salvador Dalí
The Eye of Surrealist Time, a 1971, hand - signed, mixed media print.

Me encuentro triste y solo, de nuevo. Aunque creo que siempre he estado sólo. No puedo cerrar los ojos y ceder ante el sueño y el cansancio. No esta vez. Me siento muerto y equivocado. Me siento vivo y sobre-excitado. Me siento caliente. Me siento rojo. La noche ha sembrado sus semillas de desesperación con premura y diligencia. Ya debería estar inconsciente y dormido, pero no esta noche.

Silentes fantasmas surgen de mis fosas nasales, de mis oídos y mis labios. La noche inspira confusión y embotamiento, el frío y el calor se combinan macabros para asechar mi cabeza. No tengo oportunidad de escapar a los tormentos que se acumulan sobre mis sentidos. 

Sólo he de esperar esa especie extraña y convulsionada de eclecticismo agobiado que cada cierto tiempo se desquita contra su portador, el mismo que le encarcela y le obliga a reprimirse. No siempre puedo encadenarle. No puedo siempre ignorarle como quien ignora los dolores predecesores de una enfermedad demasiado futura.

El eclecticismo siempre se torna inusual, novedoso; y es que cambia demasiado rápido en la oscuridad y el confinamiento obligado al que le someto. Cada vez que me ataca, lo siento cálido de una manera distinta, enredado en una experiencia escandalosa y terrible para mi mente. Su novedad infalible es la garantía de un desespero negro que desborda la noche.

Se avecina impredecible un aire encerrado y gris que bordea la habitación. Como si una puñalada me arrebatara la vida al ritmo en que se desborda la sangre fuera de mi cuerpo, este aire me envuelve violentamente en una inmovilidad agotadora. No puedo llorar ni lamentarme, ni siquiera suspirar. Estoy paralizado, desvanecido, hiper-consciente.

Me ahogaré el tiempo justo para no terminar con mi vida.

Mis fantasmas se mofarán de mi debilidad y de su autoridad sobre mí, me escupirán a los ojos y darán su último golpe con los bríos propios de un héroe épico. Me dejarán asustado y por fin dormiré, agotado y vencido.
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Afecto



Poemas sobre la desolación


Se terminan las últimas partículas
de tu afecto extendido,
Se avecina mortalmente un aire encerrado
y gris que bordea la habitación
subrepticiamente.
 
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