Ven, y mira dentro de su mente, laberintos derrumbados y misterios complejísimos en labores de parto, sobre las paredes de polvo de esos laberintos que los pensamientos intrincados todavía mantienen en pie, a pesar de su escasez.
Mira los caminos básicos y simples por los que transita su vida, contempla con asombro la sencillez y la transparencia de sus pasos. No hay sofisticación ni enredos complicados en sus pupilas ni mucho menos en sus neuronas: un ser humano básico, apenas levantado hacia la vida, sólo con el aire en los ojos coloridos, un aire diferente que nace y renace sin descanso, un aire hambriento de mundo, y de vida.
¡Un aire esperanzado llorando sobre el romanticismo, los ideales y las fáciles pero imposibles ideas de fuerzas desconocidas y poderosas rigiendo el curso loable de su mañana!
Ven, y conversa con él, inocente y desprevenido. Oye sus palabras cabizbajas y apesadumbradas, oye sus ideas nada suspicaces y sus discursos flacos y crédulos. De seguro te sorprenderá su confesión, esa sobre la depresión con sus sombras terribles en la lluvia y en la noche, acechando sus descuidos y mutilando sus creencias, tomando poco a poco cada parte de él, aprovechando su vulnerable disposición en un mundo gigantesco y prácticamente desconocido, con diminutos cielos azules y tranquilos.
Mira los caminos básicos y simples por los que transita su vida, contempla con asombro la sencillez y la transparencia de sus pasos. No hay sofisticación ni enredos complicados en sus pupilas ni mucho menos en sus neuronas: un ser humano básico, apenas levantado hacia la vida, sólo con el aire en los ojos coloridos, un aire diferente que nace y renace sin descanso, un aire hambriento de mundo, y de vida.
¡Un aire esperanzado llorando sobre el romanticismo, los ideales y las fáciles pero imposibles ideas de fuerzas desconocidas y poderosas rigiendo el curso loable de su mañana!
Ven, y conversa con él, inocente y desprevenido. Oye sus palabras cabizbajas y apesadumbradas, oye sus ideas nada suspicaces y sus discursos flacos y crédulos. De seguro te sorprenderá su confesión, esa sobre la depresión con sus sombras terribles en la lluvia y en la noche, acechando sus descuidos y mutilando sus creencias, tomando poco a poco cada parte de él, aprovechando su vulnerable disposición en un mundo gigantesco y prácticamente desconocido, con diminutos cielos azules y tranquilos.


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