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Androides Espaciales [Cuento]


La autodestrucción definitiva. Cuento corto.
Androides Espaciales


- Si persisten en la violencia, su libertad les será arrebatada-. Fue la única advertencia que recibimos.

No tenían cabezas agrandadas, ojos enormes o cuerpos frágiles como los habíamos imaginado siempre. Su diseño corporal, por decirlo de algún modo, cambiaba permanentemente. Cuando se dirigieron a la humanidad, adoptaron una forma que se parecía mucho a la de nuestros androides de última generación.

El plazo para lograr la paz mundial fue de un año.

Nuestra primera y única reacción, por supuesto, fue la violencia.

- Tenemos derecho a pensar y actuar como lo decidamos. No permitiremos que nuestra libertad nos sea arrebatada– sentenció el Comisionado General Interplanetario en el primer comunicado luego de la advertencia.

Los primeros meses no logramos hacerles ni un rasguño. Nuestra tecnología (capaz de destruir sistemas solares completos) era neutralizada antes de causar algún daño a sus naves o las bases que habían instalado en la Tierra. Solo fue después de 9 meses que decidimos recurrir a las medidas más desesperadas.

Se trataba de un prototipo que usaba la antimateria como su fuente de poder. Aunque tardaríamos cientos de años antes de poder estabilizar este tipo de energía, un grupo de científicos internacionales logró desarrollar un arma preliminar que fue probada con éxito en una de las naves enemigas que monitoreaba nuestra colonia en Titán, la luna de Saturno.

Titán sufrió efectos devastadores y la mayoría de la población fue pulverizada al instante. Sin embargo, la Comisión Interplanetaria decidió que los efectos colaterales eran necesarios debido a la gravedad de la amenaza. La humanidad estaba dispuesta a hacer todo lo posible para evitar que nos convirtiéramos en esclavos de una especie alienígena.

En menos de un mes, nuestra fuerza militar había acabado con todas las naves que rodeaban las nueve colonias terrícolas dispersadas en la vía láctea. Ellos nunca respondieron a una sola de estas agresiones, aunque los gobiernos mundiales e interplanetarios anunciaban en los noticieros que los daños en nuestras colonias se debían a los contraataques de los androides espaciales. De esta manera se justificaba el hecho de que estábamos usando un arma cuyos efectos eran casi totalmente autodestructivos.

Tan solo faltaban las bases establecidas en el planeta Tierra. El 70% de los humanos estaba allí, y según las estimaciones más optimistas, si usábamos el arma, aniquilaríamos instantáneamente el 40% de los seres vivientes del planeta.

- Hemos perdido 3 de nuestras bases extraterrestres, pero el enemigo está siendo pulverizado. El costo ha sido muy alto, y lo será aún más, pero la victoria será nuestra. Nuestra lucha y sacrificio nos mantendrá libres y honorables.

Con estas palabras del Comisionado General Interplanetario, se dio inicio a la evacuación de la mayoría de los seres humanos del planeta tierra. El plan que propuse desde un principio como uno de los consultores expertos en estrategia militar; que consistía en huir del planeta en nuestra Arca Nodriza mientras recopilábamos mayor información e intentábamos comunicarnos con los androides espaciales, fue autorizado como parte de nuestra última ofensiva.

Por unanimidad de la Comisión Interplanetaria, se decidió la ofensiva tendría lugar el 30 de Octubre del año 13805, el día en que se cumplía exactamente un año de la advertencia.

Sin embargo, nunca tuvimos la oportunidad de hacerlo.

A las 00:01 de la mañana, perdimos nuestra libertad.

La conciencia de todos los seres humanos fue confinada electrónicamente en una de sus naves especiales. Perdimos nuestros cuerpos y nuestra posibilidad de evolucionar como especie. Técnicamente, estamos vivos pero somos incapaces de reproducirnos y de usar medios físicos para modificar la realidad. Ahora, nuestra realidad es únicamente virtual. El agua que bebo y el teclado con el que escribo no existen. El año en el que vivimos no existe.

Los ojos con los que estás leyendo tampoco existen. Tan solo existes en mi conciencia electrónica.
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Fuga


Pensamientos sobre fugarse de sí mismo

Durante mi fuga
El instinto me dominó completamente
Su curiosa e infantil impetuosidad
tomaron el control
de mi mente obsesiva,
compulsiva,
abusiva.

Esa que dejaba fuera
las reflexiones
imperecederas y permanentes
que aprisionaban cada proceso psicológico
en mi siempre abstrusa
y sobrepensante cabeza.

Fue como si de repente,
en un paso audaz y prepotente,
se rebelara en contra de
la manía racionalizadora,
la manía paralizante
que había yo amado toda mi vida,
porque era lo único que conocía,
o al menos,
lo mejor que conocía.

Inintencionadamente 
Salí de ese universo
y llegué a otro
infinitamente más grande.

Un poco caótico,
pero más agradable.
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Batalla


Soy esclavo de mi propia mente. Soy mi propio enemigo.

Una vez descubrí la verdad
Me aburrí y quise salir.
Me rebelé entonces.
Armé un batallón para escapar

Luché épicamente
en lides eternas
donde los ejércitos y los héroes
se abrazaban nadando en sangre.

Desafiando la muerte
iban creando discípulos
con sus espadas clavadas
en los vientres y corazones ajenos.

Mis soldados
iban cayendo uno a uno.

Las batallas las ganaba siempre
un genio ruin e intravertido,
un héroe entremetido,
alegre en su cápsula craneana
echando a perder experiencias
y sensaciones novedosas en cada oportunidad.

Es mi culpa,
le hice un gran aliado
hace muchos años.

Yo mismo rechacé las virtudes
del que ahora era mi mermado batallón,
por sus extremidades inútiles y agigantadas.
por decepcionantes
por taciturnos,
por débiles, 
por torpes.

La traición
fue usada por el héroe,
quien me hizo su esclavo
a base de manipulaciones astutas,
ocultas entre el desconcierto y la duda.

Acepté mi derrota.
Acepté mi captura.

Fui el esclavo
que más veces intentó escapar,
aunque jamás estuve cerca de lograrlo.

El héroe de la cápsula craneana
predecía todos mis movimientos.

Cansado,
un día dejé de usar planes
dejé de usar estrategias.

Sin entender por qué
el héroe quedó desconcertado
y nunca más pudo detenerme.
 
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