Ni por suerte tenía la oportunidad de escapar
a los tormentos que se avecinaban raudos
sobre mis sentidos adormecidos.
Ni por suerte encontraría tu cariño.
Sólo he de esperar esa especie extraña
y convulsionada de eclecticismo
agobiado y furioso
que cada cierto tiempo
se desquita contra su portador,
el mismo que le encarcela
y le obliga a reprimirse.
No siempre puedo encadenarle.
No puedo siempre ignorarle
como quien ignora los dolores predictores
de una enfermedad demasiado futura.
Y se vuelve inusual,
y cada vez que me encuentro con él,
me parece como algo
que jamás hubiera visto;
y es que cambia demasiado rápido
en la oscuridad
y el confinamiento obligado al que le someto.
Cada vez que me ataca,
lo siento cálido
de una manera distinta,
embelesado y sufriendo,
enredado en una experiencia nueva,
terrible y escandalosa para mi mente.
Su novedad infalible
es una garantía de impredicibilidad desbordante.
Estaba tremendamente triste
y solo, de nuevo...
- Aunque siempre he estado sólo.
No podría cerrar los ojos
y entregarme a Morfeo
con la placidez
con que lo he hecho
tantas miles de veces,
- No esta vez.
Estaba inconsciente,
como si hubiera bebido mucho,
aunque me sentía
muerto y equivocado,
y a un tiempo,
sobre-excitado,
rojo y caliente.
- Sumamente caliente.
La noche había sembrado
sus semillas de desesperación
con diligencia.
Yo debía estar profundamente dormido
para ese entonces.
- Pero no en esta noche
Ah, inspiradora macabra
de los silentes fantasmas
que salen
de las fosas nasales
y de los oídos
y los labios
de mi cuerpo
Cuerpo embotado
y perdido en las confusiones nocturnas
que asechan mi cabeza.
- ¿Y dónde está tu afecto?
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