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Quimera


Un ser humano,
o más bien,
una quimera humana
que acepta el equivocarse
como la pura magnificencia
expresando el arte del azar,
trastocando la experiencia humana
siempre bañada indistintamente
por la turbulencia del placer
y la restricción del deber.

Un monstruo-sujeto
que no encaja en los artificios del mundo,
que se merece otro
y existe para sublevarse
contra lo posible y lo imposible.

Para mostrar a los impersonales,
a los de toda casta divina
y a los dioses personales semi-ateos
(meros instrumentos
receptores de quejas y oraciones,
oídos gigantes de rezos)
que la razón tiene un desertor en su reinado.

Poemas difíciles de entender

II

Esa quimera
-que como un niño rebelde
hace lo que quiere
cuando raudas líneas de sangre
le impulsan un deseo-
estaba ahora frente a mí
en su posibilidad y en su fantasía,
fundidas ambas en la carne y los huesos
que contemplaban mis ojos escépticos.

Poemas muy personales
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Sin pensar


Entonces…

¿Cómo apartar la reflexión invasora
y el rasgo más humano del que me siento tan orgulloso?

¿Cómo aceptar las precogniciones y los sextos sentidos,
esos poderes paranormales arquetípicos pululantes
y escondidos en ese cerebro reptiliano
tan pequeño y primitivo?

¿Con qué técnica negar esa naturaleza humana básica
que nos enseñó las consecuencias
de nuestro comportamiento
y desafortunadamente
nos diseñó el error y la conciencia?

No puedo parar de pensar
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Fuera de control [Cuento]


Cuentos cortos e interesantes

Francisco, como la mayoría de nosotros, no quiere morir. Quiere despedirse de su vida pronunciando un adiós envejecido, con la cabeza gacha y los miembros temblando. No deja que su destino sea escrito todavía. Evade la muerte, se burla de ella. La besa en el rostro y, atrevido, como si fuera dueño absoluto de su propia existencia –tal vez lo es- se aleja de ella esbozando una sonrisa.

He intentado quitarle la vida durante siete meses. No tengo nada contra él, pero es necesario que muera. De otro modo, lo que tiene que suceder después de que abandone para siempre este mundo, jamás pasará. Tampoco los hechos felices.

No, no existe ninguna alternativa. En todos los mundos posibles tiene que morir. El mejor desenlace es que cometa un suicidio. Ya sé que, como están las cosas ahora, eso no pasará, pero sería lo mejor. La historia sería perfecta.

He diseñado cuidadosamente accidentes “infalibles”. También he procurado que otros hagan el trabajo por mí, pero todos mis esfuerzos han sido en vano. Nada ni nadie –ni siquiera yo, ¡qué triste!- puede matarlo. Nadie, a excepción de él mismo.

Como si fuera consciente de la plasticidad de su vida y de su mundo, del artificio que puebla cada centímetro de ese, su universo; Francisco ha comenzado a desviarse de la trama.

Por ahora –no tengo idea de qué tan largo será este presente-, no sabe que es incapaz de morir, que puede saltar de un manuscrito a otro, que puede obligar mi pluma, que puede trascender su realidad y habitar mi cabeza; que puede ser tan real como mis miedos más profundos.
 
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