Ahora que estás llorando,
aunque sea de a ratos y de a poco,
deja que esas gotas tan humanas
surquen tus mejillas,
y se abran camino entre la calidez
de tu piel y tu tristeza.
Pasea un momento por el parque de tus dolencias,
abraza el tronco de tus molestias
como a un sabio y viejo maestro.
Entra entre puntapiés insensibles
y admira la armonía seca y profunda
que crean los lamentos de tu miseria.
Ve al lago melancólico,
siente su arcaico y experimentado sufrimiento,
humedece los pies en su orilla.
Y si te sientes valiente,
date un chapuzón a tu mejor estilo infantil,
que no teme y por ende disfruta más.
Aprovecha el dolor que te queda,
antes de que el sutil aroma de su ingenuidad
se disipe en tus entrañas.
Aprovecha el dolor mientras dure,
prueba suprema de tu humanidad
y el carácter sensible de tu realidad insomne y fláccida.
Aprovecha el padecimiento
antes de que se congele en tu corazón
y cicatrice deficientemente con algo de sangre y de vida,
que luego se vuelve escarcha,
como el futuro.
Las computadoras tienen la capacidad de reiniciarse cuando existen fallos importantes que pueden afectar el funcionamiento. Así, esta sencilla operación, a veces automática, evita daños importantes al sistema con consecuencias mínimas.
¿Por qué nosotros, los míseros seres humanos, no tenemos una capacidad tan genial y sencilla?
Imagínate lo que podríamos evitar si pudiéramos ordenarle a nuestro cerebro que suspendiera todas sus funciones superiores y las iniciara de nuevo. Imagina las implicaciones. Por ejemplo, supón que amaneciste torpe y estás haciéndolo todo mal en tu práctica deportiva, o no has dormido muy bien y te despiertas de mal genio. ¿Qué haces? Te reinicias para refrescar tu cuerpo y cerebro, justo como harías con la computadora de tu habitación si comienza a fallar por el malfuncionamiento de un software que se instaló apropiadamente, o si tu explorador de internet se colapsa. Aprietas una tecla y ya está: comienza de nuevo.
O imagina que estás estresado o deprimido y entonces le dices a tu propia mente “Anda, reiníciate y comencemos de nuevo este día tan desafortunado” Te apagas por un momento (cierras los ojos y te acuestas por un minuto) y despiertas automáticamente como nuevo. Tus capacidades mentales vuelven al estado inicial ideal donde funcionan perfectamente.
Las computadoras también se reinician para instalar actualizaciones importantes o nuevos programas. Si tú pudieras hacer eso, te echarías una pequeña siesta mientras tu cerebro crea nuevas conexiones y actualiza tu “sistema” luego de estudiar muchas horas o de aprender una nueva habilidad en tu deporte o videojuego favorito. Por ejemplo, instalarías la actualización “Medal Of Honor: Rising Sun v. 3.6.0” en donde ya eres capaz de superar el último nivel de ese videojuego que tanto te está costando en máxima dificultad.
O imagina actualizar a la hora de irte a dormir todos los cambios importantes en tu día. Imagina tus pupilas mostrando “English Language Database Updating” o “Memory Of Social Interactions Latest Update: Completed”...
¿Algún día nuestra consciencia funcionará de ese modo?
¿Por qué nosotros, los míseros seres humanos, no tenemos una capacidad tan genial y sencilla?
Imagínate lo que podríamos evitar si pudiéramos ordenarle a nuestro cerebro que suspendiera todas sus funciones superiores y las iniciara de nuevo. Imagina las implicaciones. Por ejemplo, supón que amaneciste torpe y estás haciéndolo todo mal en tu práctica deportiva, o no has dormido muy bien y te despiertas de mal genio. ¿Qué haces? Te reinicias para refrescar tu cuerpo y cerebro, justo como harías con la computadora de tu habitación si comienza a fallar por el malfuncionamiento de un software que se instaló apropiadamente, o si tu explorador de internet se colapsa. Aprietas una tecla y ya está: comienza de nuevo.
O imagina que estás estresado o deprimido y entonces le dices a tu propia mente “Anda, reiníciate y comencemos de nuevo este día tan desafortunado” Te apagas por un momento (cierras los ojos y te acuestas por un minuto) y despiertas automáticamente como nuevo. Tus capacidades mentales vuelven al estado inicial ideal donde funcionan perfectamente.
Las computadoras también se reinician para instalar actualizaciones importantes o nuevos programas. Si tú pudieras hacer eso, te echarías una pequeña siesta mientras tu cerebro crea nuevas conexiones y actualiza tu “sistema” luego de estudiar muchas horas o de aprender una nueva habilidad en tu deporte o videojuego favorito. Por ejemplo, instalarías la actualización “Medal Of Honor: Rising Sun v. 3.6.0” en donde ya eres capaz de superar el último nivel de ese videojuego que tanto te está costando en máxima dificultad.
O imagina actualizar a la hora de irte a dormir todos los cambios importantes en tu día. Imagina tus pupilas mostrando “English Language Database Updating” o “Memory Of Social Interactions Latest Update: Completed”...
¿Algún día nuestra consciencia funcionará de ese modo?
Labels:
Desaliento
Technorati Tags: Desaliento
Blogalaxia Tags: Desaliento
0
comments
Technorati Tags: Desaliento
Blogalaxia Tags: Desaliento
Fuera de lugar
I
Asimilando la desgastada improvisación
de una conversación cotidiana,
me sumerjo entre palabras insípidas
por medio de un millón de líneas predecibles.
Luego, paso a reciclar los temas sugeridos
por la actividad eléctrica en mi cerebro,
mezclándolos con la actividad eléctrica del viento,
esta última, más interesante.
Finalmente, al asociar el estilo impredecible del clima
desarrollo un nuevo objeto de conversación.
II
Sin embargo,
al provocar una brusca voltereta
en los rutinarios repertorios de mis interlocutores,
me toman por raro.
He evadido todas las clases de cosas
que puedo decir alrededor
de las variaciones típicas de los temas universales
y, conforme a la ocasión,
he dicho algo interpretado como “fuera de lugar”.
III
Estoy cansado
de aquellas rutinas convencionales
en la que tiende a caer
la improvisación colectiva de una charla.
Velocidad,
tono
y ritmo
determinados y prefijados
para comodidad del parloteo.
Silencios incómodos
de no más de cuatro segundos
y risas lo más prolongadas posible,
sin que parezcan antinaturales
o forzadas,
lo cual es una contradicción obvia.
Así se elabora en común una interacción,
sin que nadie preste atención consciente al guión.
IV
Ah, pero bueno,
a veces hay sorpresas,
pero mis giros inesperados en las frases
o en la dirección de la charla
casi nunca son de conformidad
con el tipo de rol que han adoptado los demás.
Al trastocar bruscamente la división conversacional
del trabajo que se ha establecido gradualmente,
termino enunciando frases con poco sentido.
¿Y por qué tanta ineptitud al hablar?
Por afán.
Esperar a un buen tema es aburrido.
Asimilando la desgastada improvisación
de una conversación cotidiana,
me sumerjo entre palabras insípidas
por medio de un millón de líneas predecibles.
Luego, paso a reciclar los temas sugeridos
por la actividad eléctrica en mi cerebro,
mezclándolos con la actividad eléctrica del viento,
esta última, más interesante.
Finalmente, al asociar el estilo impredecible del clima
desarrollo un nuevo objeto de conversación.
II
Sin embargo,
al provocar una brusca voltereta
en los rutinarios repertorios de mis interlocutores,
me toman por raro.
He evadido todas las clases de cosas
que puedo decir alrededor
de las variaciones típicas de los temas universales
y, conforme a la ocasión,
he dicho algo interpretado como “fuera de lugar”.
III
Estoy cansado
de aquellas rutinas convencionales
en la que tiende a caer
la improvisación colectiva de una charla.
Velocidad,
tono
y ritmo
determinados y prefijados
para comodidad del parloteo.
Silencios incómodos
de no más de cuatro segundos
y risas lo más prolongadas posible,
sin que parezcan antinaturales
o forzadas,
lo cual es una contradicción obvia.
Así se elabora en común una interacción,
sin que nadie preste atención consciente al guión.
IV
Ah, pero bueno,
a veces hay sorpresas,
pero mis giros inesperados en las frases
o en la dirección de la charla
casi nunca son de conformidad
con el tipo de rol que han adoptado los demás.
Al trastocar bruscamente la división conversacional
del trabajo que se ha establecido gradualmente,
termino enunciando frases con poco sentido.
¿Y por qué tanta ineptitud al hablar?
Por afán.
Esperar a un buen tema es aburrido.
Suscribirse a:
Entradas
(
Atom
)




-
¡Encuéntrame en Twitter!
-
"¡Sígueme en Facebook!
-
RSS
Contacto