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Ab Origine

Contigo siento temblores en el corazón…
Como tambores que encierran miles de pequeñas sensaciones
que atraen brisas propicias
Para navegar alejándome de la costa de mis negras melodías.

Brisas que me alejan de mis propios reflejos herméticos y frugales
pequeñas sensaciones para olvidar mis pupilas inexpresivas,
para olvidar la pasiva agresividad de mis frases descuidadas.

Ya que me he alejado,
traigo conmigo una nueva sonrisa que te agradece
Y me encuentro contigo para renovar mis sueños y esperanzas…

Me tranquilizas tan sólo con el brillo en tus ojos
Con el hermoso monumento de tu piel
Pedestal que sostiene la suavidad de mis palabras.

Es también tu frenesí el que me tranquiliza.
Delirios violentos agudizando mis sentidos,
representando pasiones renovadas
y balbuceos instintivos

Delirios que son los besos de tus labios
Y tus manos que curan
Delirios que son tus caricias
animando mi adormilamiento.

Eres una fuente de descanso
en la que mi alma puede dormir
al sonido de tu respiración

Un descanso y una sorpresa,
así cada nuevo beso.
Así cada nuevo minuto contigo.

Cuando asoman tus facciones delicadas
Noto que son por tus ojos que no pasa el tiempo.
El verte no es sólo un soplo de vida revivido.
Es la resurrección de viejos caminos sin recorrer
Y no es sólo caminar tomados de la mano
Es un baile inmortalizado en la memoria,
construyéndose en un espacio cálido
Siempre recién hecho, siempre nuevo y dulce.

Y una canción mana de mi cabeza
Con la ternura adosada a tu nombre
Y su sonido logra cautivarme siempre y cada vez
Como el jugo refrescante de una fruta.

Con ese zumo inagotable viajo entre músicas
Entre danzas primitivas, entre ritos divinos…
Alrededor de mi luna, que no quema, que no ciega.

Y en mis ojos al contemplarla
Está el fuego de las noches de los primeros adoradores de la humanidad
Y con ese fuego quiero que cada beso te recuerde
la suavidad con la que adoro la luz de mi luna.

Luna

Y desde el principio ha sido así…

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Ab Origine [Prosa]

La travesía de mil millas comienza con un paso.
Lao-Tsé

Temblores en el corazón encierran emocionados miles de pequeñas sensaciones. Atraes una brisa propicia y con ella me alejas, con suaves soplos, de la costa de mis negras melodías. Así olvido mis miradas inexpresivas, olvido también mis reflejos herméticos y frugales y la agresividad pasiva de mis tintas descuidadas.

Después de olvidar, me reúno contigo en un estanque de esperanza, porque me tranquiliza notar el brillo en tus ojos, porque contemplar el hermoso pedestal de tu piel me hace sentir privilegiado, y ese privilegio es la base de la suavidad de mis palabras.

Claro que a veces el frenesí es el que me tranquiliza.

¿Y cuál es ese frenesí? Son delirios violentos que sensibilizan mis sentidos y mi corazón. Son tus besos, tus labios, tus manos que curan. Son las caricias exaltando mi adormilamiento. Es un ánimo renovado, es el balbuceo de mis energías. Y es como si una parte de mi alma descansara en una columna sólida, como si durmiera sinuosa con el ritmo de tu respiración. Es una exquisita sorpresa, así cada nuevo minuto. Así cada nuevo beso.

Desde el principio regresar a ti es una expedición entre dimensiones, que con cada soplo de vida traducen mi felicidad tus facciones en una sonrisa. ¡Y qué bellos ojos! Son por ellos que no pasa el tiempo.

Con una nueva amistad me regalaste la oportunidad de una nueva vida con nuevos pasos y senderos. Y desde el principio camino contigo de la mano como en un baile de inmortales que celebran un nuevo lugar, un sitio cálido que es más que un ambiente perfecto, es también la calidez de algo recién hecho; es un lugar lleno de los ecos de tu dulzura… Yo he llegado a la luna.

Desde el principio, cuando conocí tu nombre, compongo una canción que mana tiernamente de mí. Es como el zumo de un fruto dulce, esa canción es como tu boca. Es un dulce reconfortante y es una boca fascinante. Y desde que me besaste, viajo en una música cantando, con ganas de una danza primitiva. Con ganas de adorar rítmicamente a una divinidad proveedora recreada mágicamente por la imaginación de los primeros hombres.

Danzo vigorosamente y adoro a mi luna con mis gritos, con mi voz, con mi sudor y con mi vivacidad, alrededor de una fogata en las primeras noches de los hombres, mirando al cielo, observando esa Luna que llena mis ojos, reflejo puro del sol y guía protectora en mi oscuridad…

Quizá se note en mis ojos el fuego de la naturaleza, que era Diosa, como la luna que ilumina sin quemar ni cegar… Y quiero que cada beso sea ese rito, que con cada contacto esté adorando la suavidad de mi luna.

Costal Moon
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Dissolutio

En tu contenedor de rabia y decepción
Pervive impasible esta llama vacilante y fría
Cruel mensajera de la noche
La que destruyó mi luna.

Se abren paso las constelaciones de la oscuridad
Sus sombras ciegas dictan la música de fondo
Y palidecen los cielos
El sol se derrite fiel hasta el último minuto
El agua mira el tiempo y se compadece,
Atenta a las últimas palabras de todo lo moribundo.

Entre la incandescencia de nuestra cercanía
El fuego se consume en medio de nuestra soledad
Y ahora nos está quemando la piel

Ya no deseo mirar
No deseo pronunciar memorables palabras
Nada fue mío
Sólo imaginé la perfección
Con las alas de una inocencia infantil

Silencio
 
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