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Instinto

Lleva en sí el fuego inextinguible que hace hervir las venas en incandescentes emociones amantes de la vida

He aquí la figura ideal del vigor y la valentía propias de quien vive y no lo razona demasiado. Lleva en sí el fuego inextinguible que hace hervir las venas en incandescentes emociones amantes de la vida. También tiene la altivez en los nervios y el brío en las extremidades, llenas de ánimo para ejecutar las danzas que su existencia propia le proponga.

Los ojos despiertos y una audaz suspicacia adornando su postura, los sentidos atentos al ofrecimiento del mundo, cualquiera que esta sea, con los labios húmedos prontos a dar una respuesta, basada ésta en la sensación, en el sentimiento.

Del cuerpo y la plasticidad infantil, los reflejos y la emoción inmediata han moldeado poco a poco este ser atento al mundo y a sus manifestaciones, sean estas en el detalle o en la grandeza, pero siempre hechas con la pasta informe de la inmediatez, del reflejo, del instinto, de una especie de motivación programada poco a poco para satisfacerse sin reparar en reflexiones que roban tiempo y oportunidades.

En suma, ha expulsado con sutileza y muy lentamente la conciencia, esa malsana y traidora que invita gentilmente a pensar las cosas antes de hacerlas, como si fuera una ley que luego se tomó por universal y omnipresente en la vida del hombre.


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Entelequia [Versión Original]


Quiero ahora presentarte el alma de la máquina extraña que fabriqué de niño. Me tomó mucho tiempo desarrollarla aunque no puedo decir que sea mi más preciado secreto. Ahora recuerdo que lo llamaba el altar. Un altar de la memoria que no admite una única persona en el viaje. No conocí a nadie que pudiera hacer el viaje conmigo, hasta que te conocí:

Pensamientos depresivos y tristes

Vivo en un desfile de sueños, inventando a cada nuevo minuto en la fase REM, nuevos personajes de fantasía, inspirado por pensamientos mágicos que revolotean azarosamente en mi cabeza, aquella fervorosa devota de las ilusiones.

En los reinos ubicados al final del día, donde jamás temí perderme, en aquella oscuridad cálida y cómoda, sumido en adormilamientos colmados de legiones enteras de pensamientos, me entregaba al mundo nocturno con los ojos bien cerrados, y la mente quizá demasiado abierta, esa que sin afán pero sin duda se abandonaba a los brazos inusitados y profundamente refrescantes de su inconsciente apresurado y reprimido, sumamente reprimido.

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Antiguo



Antiguo agujero negro
“Recuerdos”. Xolotl Polo. Impresión. Papel algodón 100%
290 gr. 80 x 72 cm.

Estaba solo, encerrado en una increíble lucha interna contra las fuerzas de la conservación melancólica, sumido en sí mismo racionalizando el oro que podía estar a punto de perder, por culpa del presente y del futuro, de lo nuevo.

No estoy exagerando la malicia implícita y cruel de la corrupción del tiempo en su alma. Lo viejo le pudre, le carcome el espíritu. Para él los desechos del pasado son tan terribles y turbios como un río contaminado.

Esa es la razón por la que está alcoholizado y semidesnudo, sentado en medio de su habitación y escuchando ruidos que casi parecen música, en una desesperación sólo comparable a la de una madre contemplando la agonía de un hijo. Está harto de todo lo que le rodea, todo le trae recuerdos, todo es viejo e inútil.

En un arrebato de furia lo quemaría todo, lo estropearía todo; pero tiene miedo, miedo de perderlo y miedo de conservarlo. Se ruega a sí mismo tirarlo todo, y tener el espacio necesario para algo nuevo, algo sin historia, sin vejez, sin ruina ni memorias. Pero está atascado, está fuertemente atado a las maquinaciones de su memoria taciturna y depresiva.

 
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