Obstinación


No consentiré que modifiques mi lenguaje corporal para que sea menos incorrecto y más cordial. No quiero ser cordial porque llegará un momento en el que llegaré a los límites de la hipocresía y el fingimiento. No quiero ser afable porque llegará un momento en el que traspasaré las frontera de la contradicción.

No dejaré atrás aquello que me define, aquello que me hace único y que me permite escapar a las casillas en que las personas pretenden asignar y clasificar a las personas. Sí, soy descortés, rudo, rebelde, seco, frío, grosero y desinteresado. No soy extrovertido ni tengo buen humor, no hago sentir mi autoridad y suelo dejarme llevar.

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Rostros. Xolotl Polo. 28 de octubre de 2015.

No soy un líder: no propongo y no tengo iniciativa. No soy divertido ni soy el centro de atención. No soy el perfecto yerno, ni el perfecto novio, ni el perfecto hijo ni el perfecto hermano. Pero soy yo. Totalmente, soy yo. Despojado de la necesidad de pactarme con los parámetros generales que la sociedad me tiene reservados.

No estoy atrapado en el camino de la personita ideal, esa que es correcta, amable, simpática y adorable. No estoy estancado por mis remordimientos de conciencia si al imponerme parezco tosco. No busco la aprobación de nadie más que de mí mismo. No me escucharás decir: “¿será que actúe correctamente?, ¿Crees que me sobrepasé? O ¿Cómo hubieras reaccionado tú en mí lugar?

No me disculpo con frecuencia, ni pido permiso para hablar como si se tratara de una afrenta a las personas: “Perdone usted”, “Lo siento mucho, pero”, “Si me lo permite”, “En mi humilde opinión”, “No quiero ser brusco, pero…”. No me rebajo ni me infravaloro diciendo cosas como “Probablemente le aburra o moleste con esto, pero”, “No sé si sea importante, pero…”, “Le voy a quitar unos minutos de su valioso tiempo”, etc. Y al expresar mi punto de vista lo defiendo a capa y espada, sin la famosa frase inicial “Puede que esté equivocado”.

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Rostros. Xolotl Polo. Octubre 28 de 2015.

Mi autoridad me envuelve como un aura, como un espectro que irradia algo oculto pero poderoso en mí. No soy el sol, el príncipe, el hombre comedido y atento. No soy el ciudadano modelo, fácil de manejar, controlable. Mi rebeldía, por muy castigada que sea, no será jamás contenida. El carácter obstinado jamás será limado. No soy de los patéticos que dicen “¿me das permiso para querer lo que quiero?”, “¿es apropiado tener lo que deseo?”.

No quiero que recompenses mi pusilanimidad, mi debilidad, mi falta de autoridad, mi debilidad de carácter. Pronto serás testigo de cómo reclamo mi lugar; ya lo tengo marcado. Soy más fuerte mentalmente.

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